Salud Local 2026-01-14T01:15:12+00:00

Los primeros mil días de vida definen la salud para toda la vida

Investigación en México confirma que el periodo desde la concepción hasta los dos años es crítico para la programación de la salud humana. Científicos han demostrado que la nutrición y el estado de salud de los padres, especialmente de la madre, pueden influir en el riesgo de enfermedades crónicas en los hijos e incluso en los nietos.


Los primeros mil días de vida, que abarcan desde la concepción hasta los dos años de edad, se han consolidado como el periodo más determinante en la arquitectura biológica del ser humano. Factores como la nutrición, el estrés, el entorno social y los cambios epigenéticos en el óvulo y el espermatozoide influyen de forma decisiva en el desarrollo. Este concepto ha sido respaldado por estudios históricos de gran escala, como el del invierno hambriento holandés durante la ocupación nazi entre 1944 y 1945, la hambruna de Leningrado y la crisis alimentaria de China entre 1959 y 1961. Décadas después, las personas expuestas a desnutrición en el periodo perinatal mostraron mayor predisposición a obesidad, diabetes, hipertensión y enfermedad cardiovascular. Cambios en la dieta y la incorporación de ejercicio físico en mujeres con obesidad lograron reducir de forma significativa los daños metabólicos en sus hijos, confirmando que la programación temprana no es irreversible. El ambiente como arquitecto de la biología. El enfoque DOHaD establece que no somos solo genética, sino el resultado de la interacción entre genes y ambiente desde etapas muy tempranas. Esto obliga al riñón a trabajar bajo sobrecarga durante toda la vida, lo que incrementa la probabilidad de hipertensión y enfermedad renal en edades tempranas. Herencia metabólica más allá de la genética. Los trabajos dirigidos por Zambrano González aportaron evidencia experimental de alto impacto al demostrar que la resistencia a la insulina puede transmitirse de forma transgeneracional, aun cuando hijas e hijos reciban una alimentación adecuada durante toda su vida. Sus modelos animales comprobaron que la obesidad materna deja una huella metabólica persistente, asociada a menor longevidad y mayor riesgo de trastornos metabólicos en la descendencia, incluso bajo dietas controladas. Al mismo tiempo, sus estudios mostraron que intervenir antes del embarazo o durante la gestación puede modificar este destino biológico. Bajo este marco, la investigación de Elena Zambrano González, académica de la Facultad de Química de la UNAM y del Departamento de Biología de la Reproducción del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ), ha demostrado que la nutrición, el entorno y el estado metabólico de los padres —en especial de la madre— pueden programar la salud, la enfermedad y la expectativa de vida de la descendencia e incluso de generaciones futuras. Este campo de conocimiento, conocido como Orígenes en el Desarrollo de la Salud y la Enfermedad (DOHaD), ha transformado la manera en que la medicina moderna comprende la aparición de enfermedades crónicas, los procesos de envejecimiento y la herencia biológica. La etapa que define toda la vida. Desde una perspectiva científica, los primeros mil días constituyen una ventana crítica de plasticidad biológica, en la que el organismo en formación ajusta sus órganos, sistemas y metabolismo a las condiciones del entorno. Si ese entorno es adverso —por desnutrición, obesidad materna, estrés o deficiencias nutricionales—, esas adaptaciones pueden convertirse en factores de riesgo permanente. Uno de los ejemplos más claros se observa en el desarrollo renal. El ser humano nace con cerca de un millón de nefronas por riñón, pero cuando la madre atraviesa desnutrición severa o inestabilidad metabólica, el feto puede desarrollarse con menos unidades funcionales. Los primeros mil días emergen como la etapa más crítica del desarrollo humano.

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